Atender las necesidades de reparación de las víctimas del conflicto armado se ha convertido en un objetivo político y social a nivel internacional, en tanto es una acción para salvaguardar los derechos humanos y garantizar el bienestar, ejes fundamentales de la política internacional y de las relaciones diplomáticas entre países. Los conflictos alrededor del mundo varían en causas, efectos, intensidad y tipologías de violencia, pero en todos está involucrado el abuso del poder en detrimento de la integridad humana. En este sentido, a pesar de que una guerra supone la precarización en ámbitos como la economía, la estabilidad política y el daño en el ambiente y la infraestructura urbana y rural, las consecuencias más significativas se traducen en la pérdida de derechos humanos, especialmente de civiles y poblaciones vulnerables.