Las condiciones laborales en la industria de la confección están profundamente condicionadas por
un modelo de producción orientado a maximizar la rentabilidad y minimizar los costos, dinámicas
que se ven exacerbadas por la presión de la competencia global. Este contexto genera una tensión
constante entre productividad y bienestar, con implicaciones significativas para la equidad laboral,
particularmente en un sector donde el 96% de la fuerza laboral está compuesto por mujeres,
reflejando desigualdades estructurales que requieren un enfoque integral y sostenible.