El estudio evalúa cómo la dotación de infraestructura básica no urbana (IBNU) —agua, saneamiento, energía y telefonía— influye en el crecimiento y la desigualdad departamental. Utilizando un índice de IBNU y datos de panel (2005-2015), los autores verifican una relación inversa entre la dotación de infraestructura y la desigualdad (gastos e ingresos). El impacto es significativamente mayor en las macrorregiones con menor dotación inicial. Concluyen que la sensibilidad de la desigualdad al acceso a IBNU debe ser el criterio fundamental para priorizar la inversión pública a nivel regional y cerrar brechas de desarrollo.