El orden global como lo conocemos se encuentra inmerso en un complejo entramado de relaciones políticas, económicas y culturales asimétricas, que se han tejido a través de la historia y han derivado en un sistema internacional diferenciado entre centros y periferias (Wallerstein, 1979). Bajo distintas lógicas: antropocéntrica, capitalista, moderna y neoliberal, se han configurado una serie de discursos e ideas que han sido institucionalizadas para justificar tal asimetría. Dentro de este panorama, el extractivismo aparece como una práctica histórica sobre la cual se han asentado las bases de un sistema que se nutre del despojo de tierras, naturalezas y cuerpos y los conflictos socio-ambientales, de la mano del neoliberalismo, han venido intensificándose junto con las resistencias. Este trabajo, consiste en el estudio de caso del municipio de Cajamarca, como territorio que ha resistido ante la racionalidad neoliberal y ha desafiado los supuestos ontológicos y las narrativas hegemónicas que rigen el Orden Global, defendiendo un modelo socioterritorial campesino y agrícola ante un modelo minero y extractivo.