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dc.creatorGrupo de hermanas dominicas guatemaltecas, Congregación de La Anunciata
dc.date1994-03
dc.date.accessioned2023-03-22T18:06:33Z
dc.date.available2023-03-22T18:06:33Z
dc.identifierhttp://repositorio.uca.edu.ni/3931/1/Experiencia%20de%20vida%20e%20inculturaci%C3%B3n.pdf
dc.identifierGrupo de hermanas dominicas guatemaltecas, Congregación de La Anunciata (1994) Experiencia de vida religiosa e inculturación. Diakonia (69). pp. 24-32.
dc.identifier.urihttps://hdl.handle.net/20.500.12032/78351
dc.descriptionLas personas que compartimos este testimonio somos un grupo de Hermanas religiosas dominicas de la Congregación de La Anunciara, pertenecientes a las etnias mayenses ´q’iche´ y ´q’eqchi´, dos de los grupos indígenas más numerosos de Guatemala, que habitan, respectivamente, los Departamentos de Q’iche y Alta Verapaz, regiones especialmente marcadas por la presencia de la Orden dominicana desde mediados del s. XVI. Antes de nada, queremos agradecer a los responsables de esta revista la invitación que nos han hecho, para compartir con otros colectivos cristianos nuestro testimonio, nuestras esperanzas y preocupaciones vocacionales desde nuestro punto de vista indígena. De entrada es aún demasiado limitada. Que nos vemos como en el inicio de un largo camino, en el que suponemos tendrá que haber, como en los tramos ya recorridos, esperanzas, búsquedas, dificultades,... luces y sombras. Por eso, al presentar nuestro testimonio no vamos a hacerlo con grandes palabras o conceptos teológicos, por el simple motivo de esa limitación y porque tampoco somos ni teólogos ni especialistas en vida religiosa. Deseamos tan sólo compartir nuestra experiencia con sencillez, aunque con toda la hondura de nuestros sentimientos. Quisiéramos decir las cosas, con la sencillez y hondura de vida de la “teología indígena”, en que nos formamos cristianamente nuestras familias y nuestras comunidades. Hablaremos más que con la mente, con el corazón. Y también con el corazón quisiéramos ser entendidas. Comencemos por recordar brevemente el “origen” de nuestra experiencia en el camino de la vida religiosa. Tuvo su principio con la llegada de las Hermanas de la Congregación a nuestras comunidades. Lo hicieron en 1958 en Q’iche´y en 1970 en Alta Verapaz. Se hicieron presentes en ambos lugares para desarrollar un trabajo pastoral de promoción social y cristiana y de ayuda y formación para los catequistas de las comunidades. Fue así como entraron en contacto con nuestro mundo y como dieron a conocer a nuestros pueblos una forma “nueva” de vida cristiana para la mujer, que en algunas de esas comunidades (sobre todo entre las q’eqchi’ de Alta Verapaz) apenas se conocía. A partir de ahí comenzó nuestro camino.
dc.formattext
dc.languagees
dc.publisherCentro Ignaciano de Centroamérica
dc.relationhttp://repositorio.uca.edu.ni/3931/
dc.rightscc_by_nc_nd
dc.subject262 Eclesiología
dc.titleExperiencia de vida religiosa e inculturación
dc.typeArticle
dc.typePeerReviewed


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