dc.description | La resurrección de Jesús es un acto de Dios por el cual desaprueba y actúa contra la muerte de Cristo en la cruz, mostrando que Dios no quiere “sacrificios humanos”. ¿Cómo pudo ofrecerse, en nombre de Dios, el sacrificio del noventa por ciento de la población americana en el momento de la conquista del continente por parte de los “cristianos” europeos? José Manuel De Ferari intenta responder a ese interrogante.
“Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien ustedes han crucificado” (Hech 2,36).
En esta Semana Santa de 1992, el tema teológico del sacrificio y de la muerte de Jesús cobra especial actualidad, ya que se cumplen 500 años desde que se implantara en nuestro continente el holocausto humano más grande de la historia, legitimado en buena parte por la teología cristiana del sacrificio, que inspiraba a los conquistadores y a la Iglesia que los acompañaba.
¿Es verdad tanto dolor? ¿Por qué decir que este exterminio lo legitima la teología de los cristianos? si ello es verdad, ¿tiene corrección la teología cristiana que legitima el sacrificio humano?
En las siguientes líneas me propongo señalar pistas que ayuden a reflexionar sobre estas preguntas, partiendo de la convicción de que una gran novedad de la fe cristiana, tal como se descubre hoy en América Latina, es que la resurrección de Jesús es el acto de Dios por el cual desaprueba y actúa contra la muerte de Cristo en la cruz, mostrando que no es un Dios de sacrificios. | |