Los cristianos participamos en este proceso revolucionario del pueblo de Nicaragua motivados por nuestra fe cristiana, desde su luz y sus urgencias, en orden al cambio de la sociedad hacia el ideal de la justicia y la fraternidad en que se edifica y crece el Reino de Dios.
Nuestra fe no sustituye a las mediaciones históricas, nos las exige como nos exige vivir este proceso histórico inmersos en el pueblo. Pero la fe actúa en nosotros ante cualquier tipo de mediación, esclareciendo, motivando, exigiendo, respetando. Y esta incesante actividad de la fe informa y moviliza nuestro amor haciéndolo militante y eficaz en el trabajo histórico de la esperanza con que iniciamos la construcción del reino en el proceso revolucionario de este pueblo pobre y creyente.